Educación en la Naturaleza


Son espacios como bien dice el propio  título, abiertos, sin espacios cerrados, que  la propia naturaleza se nutre de materiales didácticos. Por medio del respeto por el medioambiente, se consiguen niños más autónomos y creativos, trabajo en equipo… en definitiva, esto es lo que propone la Educación en la Naturaleza (en el bosque, en el campo o en la playa).
La intención es que los niños se sumerjan en plena naturaleza, desde sus inicios escolares, con todas las ventajas que esto conlleva para su desarrollo global. Que Profesionales específicamente formados en ella se ocupan de enseñar, acompañar y guiar a los pequeños, dando mucha prioridad a sus intereses y potencialidades.
Esta forma de educar trabaja los aspectos más esenciales para el desarrollo de la persona en una etapa básica y fundamental donde se establecen los pilares sobre los que va a sustentarse el resto de la vida.
El niño es el verdadero protagonista de su desarrollo; un desarrollo tanto intelectual como emocional. Es una línea pedagógica diferente que, de algún modo, permite también llevar a cabo una crianza más ecológica de nuestros hijos.
En general, los niños tienen un déficit de naturaleza. El contacto con el entorno natural suele ser ocasional; mediante campamentos de verano, excursiones o convivencias de un par de días. Estas salidas resultan insuficientes. Las escuelas al aire libre van mucho más allá; la Naturaleza es el aula consiguiendo que los pequeños pasen la mayor parte de la jornada escolar al aire libre, en contacto directo con la naturaleza; aprendiendo de ella y mediante ella.
Es muy importante que los niños estén bien equipados para protegerse, tanto del frío en invierno como del calor en verano (con diversas capas de ropa y calzado idóneo).
Se definan como escuelas sin paredes ni techos, pero siempre existe un lugar construido de referencia, donde guardar las cosas y guarecerse cuando es realmente necesario. A poder ser una cabaña de madera bioclimática, con un impacto ambiental mínimo.
Evidentemente la seguridad en este tipo de escuelas infantiles debe ser máxima y los educadores deben de estar preparados y equipados para hacer frente a posibles accidentes.
Esta metodología se combina con muchos momentos de juego libre. Mediante el juego libre o espontáneo los pequeños eligen las actividades que realmente quieren hacer y con quién, dónde o durante cuánto tiempo hacerlas. En libertad y con autonomía se relacionan con sus compañeros y asumen los grados de dificultad que pueden y quieren superar.
A los niños les produce un placer, casi innato, el poder saltar, correr, trepar o jugar al aire libre. Por eso, el vínculo de la educación con la naturaleza es tan beneficioso para ellos.
El contacto con la naturaleza y la libertad de movimiento beneficia el desarrollo físico, emocional y cognitivo de los niños y niñas. Concretando un poco más, los defensores de la metodología de la educación al aire libre destacan todas estas ventajas para los pequeños:
-El sistema inmunitario se fortalece y se dan menos casos de obesidad de asma y de alergias.
-Las habilidades motoras (equilibrio, agilidad y coordinación) mejoran al educarse en un entorno natural.
-El aprendizaje es más efectivo porque está basado en la experiencia. Los pequeños observan, atienden y se concentran más. También muestran una mejoría en su capacidad de razonamiento y de toma de decisiones.
-Se produce un desarrollo de la iniciativa propia, así como de la autonomía. Al mismo tiempo se observa que los niños tienen más autodisciplina.
-Los pequeños que acuden a este tipo de escuelas son más creativos e imaginativos, mostrando mayor fantasía.
-Se potencia el trabajo en equipo y el sentido de cooperación. Los niños ayudan mucho a los demás.
-Los pequeños muestran más cuidado y defensa del medioambiente.
-Se produce un desarrollo socioafectivo muy positivo. Los niños tienen menos estrés y tensión y se minimizan comportamientos violentos.
Además, en la naturaleza disminuyen mucho los casos de niños y niñas  “sobrediagnosticados por déficit de atención e hiperactividad”.
En definitiva, la educación al aire libre es una opción saludable, tanto mental como físicamente, que les ofrece experiencias difíciles de llevar a cabo en espacios cerrados. Un modelo educativo que está ya muy consolidado en muchos países como Alemania, Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca, Japón, Canadá, EE.UU, Corea del Sur, Chile o Colombia ya sea en iniciativas privadas, en concertadas o públicas.


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