miércoles, 13 de septiembre de 2017

INFORME BOTÁNICO DE TORRE ARIAS

     En esta ocasión presentamos el Estudio Botánico de la Quinta de Torre Arias, encargado por el Ayuntamiento de Madrid en 2016 en el contexto de obras urgentes acometidas en la finca para evitar el deterioro de las cubiertas de las estructuras principales como el Palacio y sus Establos. Un factor que ha influenciado decisivamente la ecología del parque en los 2 o 3 años antes de acometerse este estudio ha sido la tala y desbroce de ingentes cantidades de materia orgánica, que ha sido exportada de la finca a un vertedero, para poder hacer una explanada de reuniones para un campus privado, seguido de las prisas para abrir parte del parque al público.
     El estudio se encuadra en el marco del nuevo Plan Especial de Urbanismo de la Quinta, que pretende establecer un marco rector para la restauración y conservación del lugar acorde con los usos sociales actuales, dentro del contexto urbanístico del distrito que incluye sus aspectos biofílicos y respeto a sus elementos patrimoniales.
     Su autor, Juan Manuel Martínez Labarga, Doctor Ingeniero de Montes y profesor en la Escuela de Ingeniería Forestal y Medio Natural de la Universidad Politécnica de Madrid, es un conocido experto en la ecología de la flora herbácea asociada al pastoreo, ha catalogado centenares de especies botánicas raras sobre las que pesa el peligro de la extinción por encontrarse en solares amenazados por la presión urbanística.
     Un ejemplo que guarda una sorprendente semblanza con el caso actual de Torre Arias y El Barrio del Salvador saltó a la prensa especializada internacional y después a la prensa nacional hace menos de un lustro. Fue la “destrucción del miniparaiso botánico de Coslada”, 10 hectáreas de terrenos propiedad de una conocida empresa farmacéutica y solares destinados a la logística que fueron repetidamente roturados para eliminar cualquier rastro que pudiera entorpecer las obras planificadas por los propietarios e inversores, a pesar de décadas de denuncias ante la Comunidad de Madrid y Ayuntamientos Respectivos, por parte de organizaciones ecologistas, para preservar estas zonas de biodiversidad inusitada.
     Los terrenos de Coslada albergaban más de 350 especies de plantas desconocidas para el público en general, vinculados con el pasado botánico silvestre y agricola de la provincia como la Alcachofa silvestre (Cynara candunculus), la pequeña Correhuela (Convolvulus arvensis)y un pequeño cardo llamado Klasea flavescens. Muchos se preguntarán si realmente importa que se extingan unabella flor estrellada llamada Geropogon hybridus o una “herbácea de hermosas flores amarillas” o si importa que no se hayan hecho estudios de la avifauna o entomológicos de los cohabitantes de esos sistemas ecológicos como el grillo de visera (Sciobia lusitanica).
     La verdad es que sí, porque la extinción de la entonces única población conocida de Triticum boeoticum, trigo silvestre precursor de los trigos domésticos actuales, y la leguminosa Astragalus scorpioides, nos recuerda que investigadores internacionales actualmente están peinando las montañas de lugares de remotos de Asia en busca de aldeas donde no han llegado las ONGs con su regalo envenenado de semillas occidentales. Buscan a la carrera los precursores de las legumbres y trigos domésticos para poder reverter el golpe a la biodiversidad (acompañado de plagas y hambrunas) que la hermana de la industria farmacéutica, el complejo petro-agroquímico, ha infligido sobre la agricultura.

      El secreto del éxito de estas plantas es que han crecido en el mismo suelo durante siglos, adaptándose paulatinamente a las condiciones climáticas. Las plantas “domesticadas” han sido seleccionadas durante generaciones por campesínos que tienen un profundo conocimiento tradicional de sus tierras y, al observar la evolución genética de las plantas, han ido seleccionando lo mejor de cada cosecha, preservando y mejorando la semilla, según las características deseadas del fruto, un producto verdaderamente local y estrechamente vinculado a la salud de los aldeanos.
     Por mucho que se intente transplantar o manipular las semillas en un laboratorio, un sustrato o suelo artificial y la presencia aislada de la planta no puede reproducir las condiciones complejas del lugar inicial. Es una experiencia que la Comunidad de Madrid se puede apuntar, ya que en su fallido “rescate” de las plantas de Coslada, todas estas murieron.
     El profesor Martínez lamenta que es práctica habitual que los propietarios de terrenos destruyan sistemáticamente la flora, fauna y restos arqueológicos sin informar de ellos para evitar posteriores paralizaciones por temas ecológicos o patrimoniales. A esto podríamos denunciar la falta de vigilancia para que se cumplan las leyes por parte de las autoridades y multas insignificantes y la sensación de impunidad.
     Los paralelismos que se producen entre el territorio donde se realiza el estudio botánico de la Quinta de Torre Arias y el caso de Coslada son: centenares de especies catalogadas, muchas zonas que no se han podido catalogar a tiempo, roturación o destrucción mecánica de la flora y ocultación y demolición de restos arqueológicos para proteger los intereses inmobiliarios y urbanísticos; en resumen, extinción de la flora y fauna debido a la presión del asfalto y hormigón y, en vez de una empresa farmacéutica, los recientes entes visibles incluyen un hospital, una universidad privada, la banca y terrenos de propiedad pública en pleno proceso de desarrollo inmobiliario para dotaciones de ocio y administrativas.
     Casi un siglo de historia de fraccionamiento urbanístico del conjunto ecológico e hídrico del territorio que anteriormente se extendía más allá de los confines de ambas Quintas (Torre Arias y Los Molinos) no cabe en este artículo de blog; ni hay espacio en estas líneas para explicar el intento de infringir los términos de la permuta de la Quinta de Torre Arias en detrimento del público madrileño, ni el hecho de que los sucesores de los dueños anteriores sigan siendo propietarios de los terrenos permutados por medio de una fundación y una empresa inmobiliaria.
     El hecho es que el alcance del informe que se encarga al profesor Martínez se limita, como en el caso de los estudios arqueológicos, al espacio intramuros de la Quinta de Torre Arias. Como las plantas parecen tener ideas propias y se niegan a permanecer dentro de los parterres marcados por los jardineros, a arrimarse a un letrero escrito en latín o a habitar dentro de la zona designada de protección patrimonial, el profesor nos informa que muchas especies singulares se encuentran en la “parcela norte”, un terreno vallado hace poco tiempo y que, aun no formando parte de la finca original, jugaba un papel importante en el pastoreo de su ganado. Algunas de estas plantas raras viven pegadas al pie de los muros históricos y desaparecerán durante las obras de rehabilitación.
     Ya que la zona extramuros juega un papel esencial en los recursos hídricos de la Quinta y su futuro como conjunto ecológico, que dependen de la biodiversidad de la flora en la parte superior de la colina, conocer su existencia y función es esencial para que se puedan considerar estrategias para aprovechar y proteger lo que queda de manera racional, o considerar que opciones prácticas existen para permitir que otras plantas ocupen su lugar en la sucesión ecológica que ocurrirá como consecuencia de las obras.
     Cuando el profesor Martínez habla de que el banco de semillas (y esporas) puede sobrevivir, latente, en el suelo hasta 60 años, debemos de suponer que una planta nitrófila, cuya semilla depende para activarse de pasar por el intestino de un rumiante, no encontrará dentro de medio siglo las condiciones adecuadas para reestablecerse en un lugar lleno de hormigón y asfalto.
     Las Pautas para gestión que da el profesor en el informe proporcionan en excelente punto de partido para debatir la manera de diseñar estrategias con futuro para ambas Quintas de manera transparente y abierta. Esperemos que el máximo número de las personas mencionadas en su Expresión de gratitud puedan seguir contribuyendo al proceso ya que toda observación de cerca, en la gestión diaria, es esencial para que existan soluciones prácticas que a veces se escapan a las personas encargadas de diseñar o legislar el conjunto desde el exterior.
     Está en juego el ecosistema de la finca y si queremos conservar su espíritu agropecuario debemos poner en valor todas y cada una de sus especies vegetales, he introducir como ahora se está haciendo con la huerta, explotaciones que en su día existieron y entre las que se encontraba el olivar y las viñas. Recrear el ecosistema de origen será imposible, al igual que recuperar las especies perdidas no solo desde el comienzo de la rehabilitación si no desde cuando el Ayuntamiento con Tierno Galván en 1986 se hizo cargo de la misma.       
     Os dejamos el estudio completo junto con el anexo de imágenes con la edición que ha preparado la Plataforma, 190 páginas que seguro que a los amantes de la naturaleza os va a encantar. (clíc aquí o en la imagen para ver).


https://drive.google.com/file/d/0B7_GAStqDrZjbnZVanB5VDhQcXM/view?usp=sharing

Plataforma Ciudadana Quinta de Torre Arias



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