domingo, 17 de abril de 2016

REFLEXIONES SOBRE CULTURA Y SOSTENIBILIDAD EN Torre Arias

Según lo veo, las palabras Cultura y Sostenible están vinculadas y entrelazadas. ¡Que manía con hacer departamentos para todo!
Necesitamos discutir y después poder redactar un enfoque que incluya algunas de las siguientes ideas y las que vayan saliendo para añadir a las carpetas a presentar en futuras reuniones. 
Si pretendemos alejarnos de la economía basada en petróleo y desperdicio de recursos no renovables, y del talento
humano desechable, debemos revindicar esa cultura que fluye de las manos y creatividad humana; que no sea un producto de consumo para espectadores o proporcionado por entes patrocinadores.
Estoy hablando de la cultura de cantar mientras se mondaba el azafrán, de tocar música mientras se pisaba la uva, de contar cuentos mientras se tejía. 
Por la concentración de talento en un mismo lugar, está comprobado que la creatividad crece exponencialmente en los centros urbanos y que es una oportunidad para aprovechar lo mejor del conocimiento moderno mientras se ponga en valor cierta calidad de vida que el incesante aumento de la presión industrial-consumista y carga fiscal, de la mano de constante manipulación económica nos han ido quitando.
La cultura iba de la mano de "cultivar", ya que, en vez de procesos industriales, el carpintero conocía el bosque y manipulaba el crecimiento de los árboles con podas técnicas (podas bajas para palos de crecimiento rápido, corte de ramas laterales para crecimiento recto) con la futura cosecha de madera en mente. Iba pensando en madera curva que él o sus hijos necesitarían para una viga fuerte y recta, una pieza curva para una rueda o un mango ... 

El cestero y alpargatero manipulaban sus zonas de cosecha personalmente con podas y quemas selectivas. Como el carpintero, eran jardineros. No eran compradores de materia prima para manipular. Las varillas largas y flexibles para cestería requieren brotes de primer y segundo año sin ramitas laterales que se obtenían con podas controladas y una relación íntima con las plantas.  Los juncos para sillas y techado se cosechaban en barquitas en las marismas, respetando la época de cría de las aves. Sin la cosecha o quema, las plantas viejas de las marismas no dejarían crecer a las nuevas y los ecosistemas más diversos de humedales se perderían. 
El lino y la ortiga eran fibras preciadas en las manufacturas textiles y los animales que formaban parte del ciclo de pastoreo y mineral, que jugaban un papel importante en mantener el equilibrio con las plantas, daban lana y cuero. Estos productos se teñían con plantas o conchas y algunos minerales. (El descubrimiento de los procesos químicos basados en petróleo abarató tremendamente los tintes, pero con ello hemos perdido biodiversidad y cercanía a la fuente de los colores naturales).  
Las creaciones textiles son el alma de una cultura, no solamente telas, tejidos y prendas, sino también la cestería: la cuna del bebé, de mimbre, su primera manta de lana, las alfombras y tapices, cada punto y fibra de trama y urdimbre parte de la historia personal y de la familia. Cajas y cestas organizar cosechas y pertinencias, para guardar tesoros personales ... hoy día todo es de usar y tirar, comprado con tarjeta de crédito en un almacén multinacional. 
Antes de la revolución industrial, no había atajos y había que cuidar la ecología del lugar de procedencia de su materia prima ya que sin una cocreación, una colaboración con la naturaleza, peligraba la biodiversidad y continuidad, ya que las plantas herbáceas necesitaban herbívoros y con control e intervención en la sucesión se creaban dehesas productivas y transitables.  Con la separación de tareas y especialización extrema, se divorció el hombre de la "naturaleza", que era un objeto romántico para ser observado y para escribir tratados filosóficos sobre "el noble salvaje". 
Nació ese ser llamado "ecologista-conservacionista" que pedía parques naturales, con vallas, cotos y el destierro del ganado, del jabalí y, lo más importante, quien realmente cuidaba esas tierras, el hombre y la mujer indígena. Sin herbívoros y depredadores avanza el desierto sin parar. En Knysna, Sudáfrica, los "conservacionistas" vallaron los estanques de lirios "protegidos" en los bosques. Se compactaron y se extinguieron los lirios porque ya no podían entrar los jabalís jardineros que hocicaban, comían y removían el barro para que no se estancara.
No hace falta que me extienda sobre el papel de las plantas y productos animales en la fabricación de los instrumentos musicales. Mejor hablar del papel de la música en acompañar los trabajos y actividades diarias y en transmitir historia local y sabiduría ancestral. El paisaje sonoro de las campanas de la iglesia, los cencerros, el canto del pájaro, el golpeo rítmico de la labor. Puede que estos aspectos hayan sido secuestrados durante décadas por los "coros y danzas" institucionales, creando cierto rechazo, pero es importante volver a examinarlos ante el asedio de "música" y letras sin contenido de los grandes sellos discográficos.
Hemos hablado en otra ocasión de la importancia de los pintores y dibujantes del barrio y del papel que pueden jugar en representar un lugar con paisajes sorprendentes y sus habitantes, tanto humanos como otra fauna.
Por último, pero lo más importante y universal, es la cultura de la gastronomía, algo que une en todos los lugares del mundo. Tenemos un proyecto de viñedo y unas bodegas esperando ser usadas. 
¿Acaso no merece la Quinta ser un lugar donde se comen productos de su huerto (o productos locales) y se den clases de cocina, de conserva, educación para que los niños sepan de donde viene la comida?  ¿No podrían convertirse los barrios alrededor de la Quinta en un nuevo "barrio de la sostenibilidad", abriendo los locales cerrados con iniciativas privadas o colectivas para expresar esa cultura basada en la buena comida y creatividad humana?.
¡No sólo de cultura vivimos! Quien trabaja necesita llevarse un sustento digno para casa y todos soñamos con poder
hacerlo en una actividad o estilo de vida que además nos satisface y hacer crecer como personas.
Hablemos de fórmulas para que puedan crearse talleres de oficios (tanto artesanales como de tecnologías sostenibles) en esos espacios, tanto durante la restauración como para los futuros usos proyectados. Pueden ser tanto procesos físicos como de concepto, por ejemplo un estudio de diseño de modelos sostenibles para aplicar en otros lugares. 
El abuso de lo público por empresas privadas ocurre cuando sus modelos son extractivos, de patrón único, y no respetan la historia, cultura y tradiciones del lugar. Colaborar con el "vivero de empresas" en la antigua Junta Municipal para crear nuevas actividades que regeneren la zona y den esperanzas de futuro para sus jóvenes no es lo mismo. En vez de luchar contra lo que no funciona, hay que crear algo nuevo que lo deje obsoleto.
Cultivar personas como paso necesario a cultivar jardines y empresas humanas es esencial para que la Quinta (tanto física como virtual) sea motor de actividad que se auto-financie y crea puestos remunerados. Mientras hay obras en Torre Arias, veamos cuantos recursos infrautilizados hay, como los edificios vacíos de la Quinta de los Molinos donde podrían organizarse eventos experimentales y usos temporales ("pop-up") con iniciativa local, pero recordemos "No pondrás bozal al buey mientras trilla".
Una vez más, necesitamos reclutar más gente, y muy diversa porque hay mucho que hacer; sobre todo, conseguir remar todos en la misma dirección. 


Texto compartido por Adrian



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