miércoles, 29 de marzo de 2017

Desde ciudades jardín hasta el exilio digital: Agua, información biopoder en Madrid

   Reproducimos un trabajo que gracias a Ádrian por su implicación podemos compartir puesto que es un trabajo que hace referencia a la Quinta, la Plataforma y sus propuestas de futuro protección cuidado y regeneración.
   Además de que lo que aquí se expone es la visión externa y de la cantidad de ojos puestos en esta iniciativa que parte desde la Plataforma C.Q. Torre Arias después de muchos meses de estudio y trabajo que no solo van calando entre la ciudadanía de a pie sino que suscitan gran interes en la comunidad intelectual  tanto nacional como internacional, y prueba de ello la tenemos en la última visita guiada del día 26 de Marzo en la que se dieron cita el ingeniero industrial Emilio Guerra Chavarino autor del libro "Fuentes y viajes de Agua en Madrid" y Eduardo Penedo Cobo Arqueologo especialista en aguas. Sin dejar de mencionar a nuestros expertos en agrocompostaje José Daniel y Adrian Woods experto hídrico.
   Somos pequeños pero nuestros planteamientos son grandes y con visión de futuro. No paramos tras los muros de la Quinta sino que vamos más allá, porque extramuros tambien es nuestro entorno y del que dependen en definitiva nuestras vidas, nuestra salud y de quienes vendrán después.

“Todo el que disfruta cree que lo que importa del árbol es el fruto, cuando en realidad es la semilla. He aquí la diferencia entre los que creen y los que disfrutan”.

“Creer posible algo es hacerlo cierto” .

“Yo no tenía una creencia específica, excepto que nuestra causa era justa, era muy fuerte y que estaba ganando cada vez más y más apoyo”.


Max Grear
Facultad de Lenguas y Culturas Hispánicas y Portuguesas
Universidad de Princeton
9 de enero de 2017

Desde ciudades jardín hasta el exilio digital:
Agua, información biopoder en Madrid


(Traducción parcial de la parte sobre la Quinta de Torre Arias, huertos urbanos o similar. El resumen estaba en español en el original.)

Resumen

En el verano de 2016, pasé un mes en Madrid y otras ciudades españolas investigando el tema de la ecología urbana desde la perspectiva de las iniciativas comunitarias. Conversé con participantes de una variedad de proyectos interesados en la soberanía alimentaria, como cooperativas alimentarias, mercados sociales y huertos urbanos. También visité solares y centros sociales ocupados que resisten la presencia disciplinaria de la propiedad, el capital y la policía. Descubrí así una cantidad de movilizaciones pequeñas dedicadas a una forma de autonomía biopolítica, o el ejercicio de control directo sobre el propio cuerpo, en vez de los derechos liberal-democráticos.

Durante este período, encontré también los trabajos de varias biohackers, que forman parte de una red transnacional (con una fuerte presencia española) y se enfocan en el desarrollo de métodos y herramientas open-source para la investigación biológica.
Algunas de ellas, por ejemplo, interrumpen la distribución hegemónica de hormonas o el intercambio de información médica. Sus proyectos, como las terapias hormonales DIY (de bricolaje) o las herramientas ginecológicas open-source, me hicieron pensar de nuevo sobre las actividades de las residentes urbanas en el contexto de redes supralocales. Llegué a entender el biohacking como un proceso de intervención en—en contraste de un retiro de—el tejido del control biopolítico. Desde esta perspectiva, el biohacking ofrece un modelo para repensar las formas de organización extra-institucionales orientadas sobre el espacio urbano, como los huertos comunitarios o centros sociales.

A veces, los proyectos iniciados por residentes urbanas parecen privilegiar los valores hiperlocales de la auto-gestión y la autosuficiencia, ideales que forman sin duda una parte importante de la cultura madrileña de organización comunitaria y agricultura urbana. Sin embargo, las participantes de estos proyectos también buscan establecerse a sí mismas como actores activas en redes de codependencias interconectadas en una escala urbana, regional e incluso global o planetaria. En vez de retirarse de las jerarquías biopolíticas entre las oficiales públicas, los negocios y las residentes, participantes en los huertos urbanos y los centros sociales intervienen en estas relaciones a través de los hacks en los flujos urbanos y globales de agua y información.

Estos hacks desafían los binarios tecnocráticos de la naturaleza y la cultura y atraviesan los límites de la tecnología, lo humano y lo no humano, revelando y reconfigurando las relaciones entre el poder, la infraestructura y los cuerpos materiales.

Durante una época marcada por la crisis del neoliberalismo—mientras las políticas económicas de la austeridad amenazan el acceso a bienes públicos como la vivienda y espacio recreativo, y el cambio climático hace volátil la agricultura—las posibilidades de la producción y organización auto-gestionada se extienden a muchos aspectos de la vida cotidiana, ofreciendo alternativas para ocupar o expandir las infraestructuras de vivienda y para cosechar y distribuir la comida. Mis conversaciones con residentes urbanas involucradas en espacios auto-gestionados señalaron también la importancia de generar conocimiento colectivo de una escala supralocal. Después de aprender sobre las propuestas de activistas y residentes para formar plataformas de apoyo más amplias, incluso de nivel transnacional, reconocí paralelos con la investigación que cumplí en la primavera de 2015 sobre el movimiento 15M y las estrategias tecnopolíticas.

En ambos casos, descubrí un énfasis común en el desarrollo de herramientas open-access y el acceso a la información open-source. Este fenómeno contradice la noción del activismo local como un modelo diseñado exclusivamente para fortalecer los espacios autosuficientes. Aunque las conversaciones con las residentes madrileñas tocaron frecuentemente los temas más específicos de la auto-gestión local, me parecieron más urgentes sus preocupaciones con la crisis ecológica planetaria y la globalización neoliberal.

Durante los meses después del viaje a Madrid, Valencia y Barcelona, he explorado las comunidades online dedicadas al biohacking, incluyendo Hackteria.org, los blogs de los colectivos catalanes TransHackFeminist! y GynePunk, el sitio de Open Source Estrogen de Maggic Bioart (con vínculos al Medialab Prado) y otras. Estas comunidades están involucradas en investigaciones sobre varios fenómenos biopolíticos, como la contaminación hormonal o el racismo médico, y priorizan la agencia de la gente no-binaria y las mujeres.

Estos materiales online me han hecho repensar mis encuentros con los espacios físicos auto-gestionados, y me han llevado a considerar los huertos comunitarios y centros sociales como formas de biohackear el espacio urbano. Por ejemplo, participantes del “huerto solidario” del Plataforma de Trabajadorxs en Paro de San Blas y Canillejas. El Huerto Revoltosa del Pasillo Verde muestra las posibilidades de proteger los espacios comunes a través de estrategias tecnopolíticas, e ilumina los significados sujetivos de un sentido virtual de lugar urbano.

Me aproprio de Bruno Latour el entendimiento de las esferas locales como inextricablemente vinculadas a las redes globales.* La resistencia biopolítica, entonces, tiene que comprometerse con los relaciones globales de biopoder, promulgando a la vez un modelo de autonomía e interconectividad. Para implementar este tipo de modelo, hay que desarrollar herramientas que hace posible la intervención transversal sobre las escalas local, global y planetaria, y el desmantelamiento del binario naturaleza-cultura que construye una separación entre los cuerpos y recursos materiales y las infraestructuras que los regulan o liberan.

Participantes en las intervenciones urbanas operan discursivamente en un nivel planetario simbólico, a veces intencionalmente y a veces por inadvertencia. Mientras tanto, las movilizaciones de barrios, en la forma de los huertos urbanos o centros sociales, pueden impactar concretamente la ciudad tanto como las fuerzas políticas y económicas de la globalización.

* Latour, Bruno. "Some Experiments in Art and Politics." E-flux 23 (2011).
    
Página 18  (Traducción)

Hackear el espacio urbano, construir bienes comunes urbanos

Para cambiar el marco desde los biohacks en un contexto biomédico a un contexto urbano, propongo un enfoque crítico que propone, en lugar del cuerpo humano, los bienes comunes urbanos como el escenario primario en el que se produce la intersección entre los flujos locales y globales. David Harvey define los bienes comunes como “una relación inestable y maleable entre un grupo social específico autodefinido y los aspectos reales de su existencia, o el medio social y/o físico todavía por crear considerado crucial para que pueda existir y tener medios de vida”, en el corazón de lo cual “yace el principio que la relación entre el grupo social y dicho aspecto del medio ambiente sea tratada como un bien común, que quede tanto en términos colectivos como no mercantiles, fuera de la lógica del intercambio comercial y los precios de mercado.” El análisis del cuerpo como un lugar y una herramienta de intervención es útil para enfocar las dimensiones médicas y de rendimiento del biopoder. No obstante, al cambiar el enfoque de mi discurso a los bienes comunes urbanos, espero poder examinar otra forma de micropolítica e incorporar el compromiso prolongado con el espacio a una escala geográfica más que molecular — específicamente el espacio de la ciudad contemporánea de la información. Tanto los proyectos de artistas e ingenieros como Mary Tsang o Paula Pin, como las iniciativas de residentes urbanos comparten un interés en la autonomía biopolítica de los cuerpos y de los bienes comunes, ilustrando la retroalimentación entre unos “comunes” creativos y los recursos para controlar el propio cuerpo. No obstante, el trabajo de los residentes urbanos acomete más directamente cuestiones de como crear y sostener los bienes comunes a un nivel social, ecológico y urbano. 

Mis visitas a Ésta es una Plaza, un parque-jardín comunitario autogestionado en Lavapiés,  quizás ilustraron mejor la retroalimentación entre los espacios comunes vecinales y asuntos y movilizaciones a nivel de ciudad. Hablé con un miembro de la asociación vecinal que gestiona el espacio, llamada Eva Obregón, quien remarcó la importancia del reparto de agua en formar las relaciones del parque con el Ayuntamiento y otras asociaciones vecinales. Al principio, explicó, los vecinos traían agua de los fregaderos de toda la comunidad. No obstante, algunos residentes abogaron por obtener el agua directamente de las fuentes públicas - quizás un enfoque más propio de un hacker - para evitar el coste a los miembros de la comunidad. Sin embargo, la asociación finalmente logró un acuerdo con el Ayuntamiento, para que instalara infraestructura de agua en el espacio. Obregón habló de como Ésta es una Plaza se ha involucrado con la Red de Huertos Urbanos, una red por toda la ciudad que negoció un acuerdo con el Ayuntamiento para expandir el acceso de los huertos urbanos al agua municipal. Añadió que surgieron tensiones entre las diferentes facciones sobre la colaboración con el Ayuntamiento.  

Según Obregón, algunos miembros de Ésta es una Plaza se opusieron, basado en principios libertarios, a aceptar agua para jardines comunales de los funcionarios municipales. Hablé con Giuseppe Aricó y Marco Luca Stanchieri, dos miembros del Observatori d'Antropologia del Conflicte Urbà, con sede en Barcelona, quienes han realizado amplias investigaciones etnográficas sobre la agricultura urbana, y constataron dicha reticencia a trabajar con los funcionarios. Una vez que un ayuntamiento suministra agua municipal a los huertos urbanos, argumentaban, comienza un proceso sutil de institucionalización que se impone a través de la lógica burguesa de la participación cívica y eventualmente pueda convertir un huerto urbano en una atracción turística. 

Expresaron una opinión similar sobre la Wi-fi que suministran los ayuntamientos. Me dijeron que fuese a ver el huerto de Poble Sec, que consideraban uno de los ejemplos más autónomos, no institucionales, de agricultura urbana. Curiosamente, cuando visité ese huerto, hablé con una mujer llamada Olga que dijo que mientras el huerto no recibe actualmente agua municipal, y es un asunto que suscita sentimientos encontrados entre los participantes, ella considera que el apoyo municipal reciente para los proyectos iniciado por los residentes, tanto en Barcelona como Madrid, como una oportunidad que vale la pena seguir investigando. La posición de Aricó y Luca Stanchieri recuerda a la crítica por parte de Moreno-Caballud de la naturaleza institucional de Medialab-Prado. Moreno-Caballud avisa de la presión constante de hacer revertir el valor cultural producido de manera colectiva en formas de privatización neoliberal, a través de supervisión y evaluación basado en los criterios productivistas, orientados alrededor de la participación pública cuantitativa. 

Guiseppe Aricó usó Google Maps para indicar el camino al huerto de Poble Sec, explicando que estaba escondido fuera de la vista. Salvé esta imagen para guiarme. 

Lo que está en juego aquí son diferentes maneras de entender como pueden crearse y sostenerse los bienes comunes. David Harvey proporciona un análisis  fascinante del enfoque hiperlocal que proponen muchos izquierdosos “de la tendencia anarquista y autonomista”. Él argumenta que las propuestas de los comuneros frecuentemente no llegan a responder adecuadamente a asuntos de los comunes urbanos en cuanto al reparto de recursos como el agua, que quizás solamente funcione de una manera eficaz cuando se suministra a una escala metropolitana o regional. Los enfoques hiperlocales, avisa, no solamente no llegan a articular un entramado sostenible para los bienes comunes urbanos; se arriesgan a ser cómplices de las políticas neoliberales. Un barrio relativamente más acaudalada, por ejemplo, tendría más posibilidades de sostener un jardín comunitario sin aceptar agua municipal. Harvey aboga por un “movimiento pinza en el ataque político, a través del cual el estado se ve obligado a suministrar cada vez más bienes públicos para propósitos públicos, en paralelo a la auto-organización de poblaciones enteras para apropiarse, usar y suplir esos bienes de maneras que extienden y mejoran las calidades de los bienes comunes reproductivos y medioambientales no mercantiles.” Esta estrategia enfatiza el papel de los residentes urbanos en asignar valor en uso y significado a los bienes públicos, creando así unos bienes comunes. 

Durante el proceso de mis visitas y conversaciones, observé y oí de primera mano explicar las muchas funciones sociales que juegan los jardines comunitarios, que frecuentemente fueron articulados en términos feministas y ecofeministas. La ingeniera y activista ecologista, Marta Victoria Pérez, quien también ha impartido clases de feminismo en la cooperativa Traficantes de Sueños, me habló de la importancia de los espacios de asamblea comunitario que facilitan participación por parte de l@s cuidadores, que descubrí era una característica común de los jardines comunitarios. Los jardines urbanos abren la posibilidad de elección alimentaria, proporcionan un lugar recreativo y educacional seguro para que l@s cuidadores (principalmente mujeres) puedan llevar a niños y personas mayores o discapacitadas, proporcionan oportunidades para que los parados puedan participar en los proyectos públicos, y para crear zonas donde los jóvenes puedan socializar, orientados al bienestar, en vez de vigilancia policial.

La causa de la autonomía biopolítica frecuentemente se convierte en motor de la manera en que los residentes urbanos asignan significado a los bienes públicos, sean agua, verduras o medicina. 

Ciudad jardín/cyborg

La historia de las iniciativas por parte de residentes urbanos es quizás más conocida por su énfasis en la autonomía local y las asociaciones vecinales. No obstante, las movilizaciones supralocales e interconectadas también han tenido un hilo histórico importante en el activismo urbano de Madrid. En su Historia del Movimiento Ciudadano de Madrid, Castells describe como ese apoyo popular se concentró para preservar las Colonias densamente arboladas como “ciudades jardín”, esfuerzos que consiguieron obtener protecciones especiales para dichos barrios en el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1985. “La receptividad de la población entera a los temas de la ecología urbana y la defensa de las zonas verdes y la vida en comunidad”, argumenta, “sugirió que podría desarrollarse un modelo físico y social alternativo de la ciudad”. Añade que “el hecho de que las clases medias se movilicen efectivamente en el contexto del conflicto de clases constituyó un fenómeno nuevo en España”, y “la preservación de las ciudades jardín señaló el camino hacia la posibilidad de autogestión urbana”. Castells sugiere que las ciudades jardín sirvieron para unificar a más madrileñxs que los que únicamente eran residentes, ya que habitantes de toda la ciudad apoyaron su preservación, ya que indicaban otro modelo diferente de ciudad, como una entidad interconectada, más que meramente la protección de espacios autónomos dispersados y autocontenidos.

Posteriormente, Castells diría que “solamente es al pretender una transformación cultural de la vida urbana, como proponen los pensamientos ecológicos y activistas, que los movimientos sociales urbanos pueden traspasar sus límites de localismo.” Muchos residentes siguen involucrados en esfuerzos de base para preservar el patrimonio cultural de Madrid de manera que se puedan conectar los espacios verdes como unos bienes comunes que articulan el paisaje urbano global.  

Durante el verano, intercambié correspondencia con Adrian Woods, un miembro del colectivo Madrid Agroecológico además de la asociación Plataforma Ciudadana Quinta de Torre Arias.

El último grupo se dedica a la preservación y mejora pública de un palacio-granja del siglo XIX en las afueras de la ciudad en Hortaleza, que fue heredado por el Ayuntamiento de Madrid en 2012. En noviembre del año pasado, la asociación consiguió que se abriera el espacio como parque público después de muchos meses de negociaciones con el Ayuntamiento, después de protestas anteriores para oponerse a la propuesta de demoler varios edificios de la Quinta y ceder la finca a una universidad privada. 

Woods describió la visión del espacio, centrado en el concepto de “Bosque Urbano / Ciudad Jardín”, reminiscente a la descripción de Castell de las Colonias históricas como “ciudades jardín”. El trabajo de la asociación es única en el grado en que sus miembros han explorado y documentado exhaustivamente las infraestructuras de agua en la Quinta, y han desarrollado planes para renovar o expandir esta infraestructura.

Woods compartió un “Plan Holístico” conmigo, que incluye una descripción de las “características hidrográficas” de la zona que rodea la Quinta y expresando preocupación por la ausencia de agua donde antaño abundaba. En amplio detalle cartográfico, el plan describe una cuenca con siete arroyos diferentes en la zona de la Quinta, mencionando cada uno por su nombre e inventando nombres para varios cuyo nombre no constaba. Se pretende con esta descripción de los arroyos “presentar una hipótesis sobre se regeneración como  ‘ejes’, vías o como función de regulación hidráulica.” Al basar su cartografía sobre los arroyos, el plan transforma el juego de ejes espaciales para el diseño urbano local, alejándose de hitos urbanísticos cercanos como la autopista M40 y el aeropuerto de Barajas. Así el “Plan Holístico” pone en valor aspectos ecológicos que frecuentemente desaparecen bajo el asfalto de los desarrollos urbanísticos.  

El proyecto de Quinta de Torres Arias ilumina maneras en que un espacio dedicado a la horticultura se integra perfectamente con el paisaje urbano humano y no humano, y modela posibilidades  de bienes comunes que retienen las características tanto de interconectividad como autonomía biopolítica. El “Plan Holístico” apunta que la granja fue autosuficiente en agua hace tiempo, aunque los años de abandono han deteriorado su infraestructura. La Plataforma Ciudadana Quinta de Torre Arias compartió imágenes en Facebook de arqueólogos que inspeccionaban los pozos del parque para poder trabajar en su rehabilitación, un proyecto que proporcionaría a la finca agua de unas fuentes subterráneas relativamente estables, disminuyendo así la dependencia del suministro municipal.  Como describe el “Plan Holístico”, también hay dos canales subterráneos construidos dentro de la Quinta que capturan agua de manantial. Miembros de la asociación también han grabado vídeos explorando los flujos del agua pluvial y potenciales inundaciones, debatiendo maneras de restaurar los viejos viajes de agua - otra manera de reducir la dependencia de agua municipal, aunque depende de factores climáticos volátiles y sujeto a tendencias severas de cambio climático. 

No obstante, el “Plan Holístico” reconoce que gestionar el espacio público puede necesitar recurrir a agua de la red municipal, aunque menciona que el agua tratada y potencialmente reciclada del Canal de Isabel II podría llevar a una reducción de la calidad del agua de riego, comparado con la lluvia o agua de manantial, que podría tener un efecto negativo en los árboles de la Quinta. 

El reconocimiento de los límites de autosuficiencia hídrica que expresa el plan, y su preocupación por la calidad del agua municipal demuestran la importancia para los residentes urbanos de mantener una red pública de agua accesible y transparente. La Marea Azul, una plataforma dedicada a movilizar el apoyo popular contra la privatización del Canal de Isabel II, advierte que la privatización “reduciría las inversiones necesarias para la renovación y mejora de las infraestructuras de suministro de agua y alcantarillado”. Las amenazas a la calidad del agua, que podrían dañar los árboles de la Quinta, no son la única indicación del estatus vulnerable  — como una parte interconectada del paisaje urbano — bajo las políticas neoliberales de privatización y austeridad.

No obstante, esta comunidad tampoco es meramente un receptor de los resultados de los procesos burocráticos impuestos desde arriba. Como una muestra de las relaciones de la comunidad más allá del recinto limitado de la Quinta, la Plataforma QTA se ha involucrado en esfuerzos a nivel de la ciudad para implementar el compromiso que tiene la Villa de Madrid con la Política Alimentaria del Pacto de Milán, una iniciativa de alimentación sostenible firmada por ciudades en todo el mundo. 

A un nivel más inmediato, los organizadores del huerto comunitario han anunciado que el “huerto solidario” donaría toda su producción a la “dispensa solidaria” de trabajadores parados, a través de la Plataforma de Trabajadorxs en Paro de San Blas y Canillejas.  Este gesto representa exactamente el tipo de establecimiento de coaliciones entre las clase media y obrera que Castells atribuye un papel en las Colonias ciudad jardín del Movimiento Ciudadano de los años 80. 

No obstante, el contexto ecológico y biopolítico contemporáneo del “huerto solidario” difiere mucho de las ciudades jardín de Castells. La idea de preservar un espacio verde virgen dentro de una ciudad se ha convertido en algo utópico. En el “Plan Holístico”, los miembros de la comunidad expresan sus preocupaciones sobre los efectos que puedan tener sobre la salud de los árboles, aunque reconocen que podría ser necesario usar ese recurso y que se calidad queda fuera de su control directo. Mientras tanto, también reconocen la volatilidad del agua de lluvia como fuente de agua, cada vez más a merced de sequías e inundaciones. 

Por tanto, puede que ya no sea suficiente concentrarse en la preservación primaria de los espacios verdes autónomos, como los proponentes de las Colonias históricas han hecho en el pasado, o de depender exclusivamente de fuentes más “naturales” de agua como manantiales o la lluvia. En vez de esto, puede ser necesaria una ecología social más compleja, que se enfrenta al paisaje urbano como una red de relaciones humanas y no humanas, alejándose de los conceptos binarios de naturaleza-cultura usados para establecer espacios verdes autosuficientes y separados de la ciudad que los rodea. 

(...)Página 28.
Un sentido de lugar en una ciudad de flujos

Los tipos de estrategias tecnopolíticos que ganaron más favor dentro de los círculos activistas durante el movimiento social del 15M también son compartidos por muchos colectivos de jardinería urbana. Muchas comunidades han recurrido a los medios sociales para publicitar las actividades de los jardines vecinales y, en algunos casos, proponen su supervivencia como bienes comunes.

Sara Sama Acedo ha escrito una ilustradora narración etnográfica de su participación, desde 2013, en la organización física y virtual del Huerto de la Revoltosa, un huerto urbano en el barrio del Pasillo Verde en el centro de Madrid. Asigna dos funciones principales a las tecnologías de comunicaciones: para el intercambio práctico además de afectivo entre los individuos directamente involucrados en el mantenimiento del jardín, y para atraer el apoyo de un público más amplio.  Whatsapp, escribe, se ha convertido en lo que los miembros de la comunidad llaman el “patio de vecinos”, o “el foro de estudio del huerto”, porque ha proporcionado “el lugar donde se mezclan las noticias y la toma de decisiones, mezclados con cuidado y afecto”. 

Lejos de establecer un espacio puramente abstracto, globalizado, de flujos, las tecnologías de comunicaciones han permitido un espacio íntimo de intercambio, o un espacio común afectivo.

Esta aplicación también fue la manera de dar un aviso de emergencia a los miembros de la comunidad cuando la policía y funcionarios municipales llegaron al huerto, una ocupación no autorizada de un solar abandonado, y empezaron a desmantelarlo. 

Después de la destrucción, el jardín existió en lo que Sama Acedo describe como un “exilio digital”, una noción que recuerda la descripción de Castells de “los lugares del espacio de flujos” como “refugiados sociales, como hogares a la fuga”. Su blog anunció: “Ahora somos un huerto virtual y hemos generado una red en el exilio, hemos encendido una chispa en el barrio y, más allá, resistimos y mantenemos nuestro sueño de tener un huerto en el solar de Peñuelas para tod@s y abierto a tod@s.”  Sama Acedo describe un torbellino de actividad dedicada al huerto en Facebook y Twitter, seguido de una petición para su defensa dirigido al Ayuntamiento.  Esta táctica puso en práctica un modelo de autonomía biopolítica en base a la interconectividad. Como metáfora interesante, compara directamente la diseminación de información al flujo del agua de riego, escribiendo que “la actividad del huerto empezó a organizarse principalmente en línea a través de lo que denominaron ‘turnos bisemanales de riego y siembra virtual.’” Después de su reapertura, el blog la página de Facebook establecerían más tarde un enlace directo entre su satélite virtual y el reparto material de agua, pidiendo donaciones de agua de los vecinos. 


Poco después de que el grupo de vecinos despejó el solar abandonado la primera vez, Matteo De Angelis creó esta imagen inspirado en Los Sims, imaginando el aspecto futuro del espacio, como si anticipara el periodo de “exilio digital” del jardín.

En un artículo escrito durante el “exilio digital” del jardín, el blog genera una tensión entre las nociones del espacio urbano como cercanos y tangibles, o distantes y abstractos, y describe interacciones a través de los niveles de organización social urbana como discordantes, más que fluidos o continuos. “Hay veces cuando nos sentimos como protagonistas en la producción de este espacio,” escriben los autores del blog, “pero en otras ocasiones, demasiadas, la ciudad en última instancia, parece ser un objeto distante que se nos impone, y cuya lógica luchamos por entender”. Denuncian mecanismos burocráticos municipales que desalientan, o directamente prohíben, a los residentes de la ciudad interactuar con el espacio público de sus propias comunidades, y señalan las enormes desfases de comunicación y tiempos que existen entre las asociaciones vecinales y los administradores municipales. No obstante, a pesar del aparente vacío que la destrucción del huerto ha dejado en el solar, los autores del blog también comparten fotografías de lentejas y rábanos que rebrotan en una esquina del espacio.  Para los bloggers, este crecimiento demuestra que “la producción de la ciudad funciona, mejor o peor, sin intermediación o control por las instituciones, siempre rebrota, una y otra vez, entre las fisuras, entre las grietas, en los intersticios.” Los autores atribuyen a estas plantas una fuerza que no puede ser oprimido, y dirigen la atención hacia los márgenes del espacio público. Aunque a un nivel este blog expresa su preocupación con lo hiperlocal, también universaliza la experiencia biopolítica de la resistencia urbana. Los bienes comunes urbanos, sugieren estos blogueros, pueden ser partidos, pero no eliminados. 

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